EL DECRETO 10-289

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—Esto es sólo un borrador del decreto 10-289 —anunció Wesley Mouch—, que Gene, Clem y yo hemos preparado para darles una idea aproximada. Queremos escuchar sus opiniones, sugerencias, y demás, puesto que son ustedes los representantes del trabajo, la industria, el transporte y las profesiones.

Fred Kinnan se separó de la ventana y tomó asiento en el brazo de un sillón. Orren Boyle escupió la colilla de su cigarro. James Taggart se miró las manos. El Dr. Ferris era el único que parecía tranquilo.

—”En nombre del bienestar general —leyó Wesley Mouch— y a fin de proteger la seguridad pública y conseguir una total igualdad y absoluta estabilidad, se decreta, para el período de duración del estado de emergencia nacional, que:

“Primero. Todos los obreros, asalariados y empleados de cualquier clase quedarán, a partir de ahora, fijos en sus puestos de trabajo y no podrán abandonarlo, ni ser despedidos, ni cambiar de empleo, bajo pena de prisión, la cual será establecida por la Oficina de Unificación designada por la Oficina de Planificación Económica y Recursos Nacionales. Toda persona que haya cumplido 21 años deberá presentarse ante la Oficina de Unificación, que le asignará el lugar donde a su entender servirá mejor a los intereses nacionales.

“Segundo. Todos los establecimientos industriales y comerciales, y los negocios de cualquier naturaleza, deberán, a partir de ahora, mantenerse en funcionamiento y sus propietarios no se retirarán, ni abandonarán, ni cerrarán, venderán o transferirán sus negocios, bajo pena de la estatización de los mismos y de su patrimonio.

“Tercero. Todas las patentes de invención y los derechos de propiedad intelectual de aparatos, dispositivos, descubrimientos, fórmulas, procesos de trabajo y tareas de cualquier tipo serán transferidos a la nación como obsequio patriótico de emergencia, por medio de Certificados de Otorgamiento Voluntario que serán firmados por los propietarios de dichas patentes y derechos de autor. La Oficina de Unificación concederá licencias para el uso y explotación de las patentes y derechos de autor a quienes las soliciten, de manera equitativa y sin ninguna clase de discriminación, con el fin de eliminar prácticas monopólicas, desechar productos obsoletos y poner los mejores al alcance de la nación. Ninguna de las marcas, nombres comerciales o títulos protegidos por algún derecho de propiedad podrán ser utilizados. Todos los productos anteriormente patentados serán conocidos por un nuevo nombre y vendidos por todos los fabricantes bajo la misma denominación, que será asignada por la Oficina de Unificación. Todas las marcas de fábrica, nombres comerciales y emblemas privados quedan abolidos por el presente decreto.

“Cuarto. Ningún nuevo aparato, invento, producto o bienes de cualquier naturaleza que no esté actualmente en el mercado podrá ser producido, inventado, fabricado o vendido después de la fecha de promulgación de este decreto. Queda suspendida la Oficina de Patentes y Derechos de Autor.

“Quinto. Todo establecimiento, empresa, sociedad o persona física dedicado a la producción deberá, a partir de ahora, producir anualmente la misma cantidad que durante el Año Básico, ni más ni menos. El año conocido como Básico o Año Patrón será el que finalice a la fecha de promulgación de este decreto. El exceso o la falta de producción serán objeto de multas que quedarán determinadas por la Oficina de Unificación.

“Sexto. Toda persona, cualquiera sea su edad, sexo, clase o nivel de ingresos, deberá, a partir de ahora, gastar anualmente en la compra de bienes la misma cantidad que ha gastado en el Año Básico, ni más ni menos. Quien no se ajuste a esta medida será multado por la Oficina de Unificación.

“Séptimo. Se congelan todos los salarios, jornales, precios, dividendos, beneficios, intereses y formas de ingreso de cualquier naturaleza en sus cifras actuales, es decir, las vigentes a la fecha de promulgación de esta disposición.

“Octavo. Todos los casos y situaciones no específicamente mencionados en esta disposición serán solucionados y determinados por la Oficina de Unificación, cuyas decisiones serán inapelables.”

Existía todavía entre los cuatro hombres, que habían estado escuchando, un resto de dignidad humana que los hizo permanecer inmóviles y sentir náuseas durante un minuto.

LA REBELIÓN DE ATLAS, Ayn Rand (1957)

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Acerca de roberto dos santos gonçalves, escultor [en Blog]

Arquitecto - Artista Visual (Escultor en Cerámica y Vidrio) www.robertodossantos.net
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