“Estudia la Historia y verás que detrás de cada manifestación del Bien o del Mal hay un escrito” – Oriana Fallaci

David de Miguel Angel 2

Trabajé todavía un par de semanas. Sin parar, sin comer, sin dormir. No sentía ni siquiera el hambre, no sentía ni siquiera el sueño. Me sustentaba sólo con cigarrillos y café. Y aquí debo hacer una puntualización tan esencial como la de las lágrimas. Debo aclarar que para mí escribir es algo muy serio. No es una diversión o un entretenimiento o un desahogo o un alivio. No lo es porque nunca olvido que las palabras escritas pueden hacer un gran bien pero también pueden hacer un gran mal, pueden curar pero también pueden matar. Estudia la Historia y verás que detrás de cada manifestación del Bien o del Mal hay un escrito. Un libro, un artículo, un manifiesto, un poema, una oración, una canción. (Una Biblia, una Torah, un Corán, un «Das Kapital». O una Marsellesa, un himno de Mameli, un Yankee Doodle Dandy.) En consecuencia, nunca escribo con rapidez, de un tirón. Soy un escritor lento, un escritor prudente. Soy también un escritor siempre descontento, siempre insatisfecho. No me parezco, no, a los escritores que siempre se contentan con su producción como una gallina que ha puesto el huevo, que se regocijan como si hubiesen meado ambrosía o colonia. Además, tengo muchas manías. Estoy obsesionada por la métrica, por el ritmo de la frase, la cadencia de la página, el sonido de la palabras.  Y cuidando la asonancias, las rimas, las repeticiones indeseadas: la forma me interesa tanto como la sustancia. Creo que la forma es un recipiente dentro del cual la sustancia se acomoda como un líquido dentro de un vaso, y administrar esta simbiosis a veces me bloqueaba. Escribía deprisa, de corrido, sin ocuparme de asonancias, rimas, repeticiones, pues el ritmo surgía espontáneamente. Y como nunca siendo consciente de que mi responsabilidad, como nunca siendo consciente de que escribir puede curar o matar. (¿Llega a tanto la pasión?.) El problema es que cuando terminé y estuve a punto para enviar el texto, comprendí que en lugar de un artículo había escrito un pequeño libro. Para darlo al diario tenía que cortarlo, reducirlo a una extensión aceptable.

LA RABIA Y EL ORGULLO (Al lector) – Oriana Fallaci

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Acerca de roberto dos santos gonçalves, escultor [en Blog]

Arquitecto - Artista Visual (Escultor en Cerámica y Vidrio) www.robertodossantos.net
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