“Y si los jodidos hijos de Alá me destruyeran uno solo de estos tesoros, uno solo, sería yo quien se convertiría en una asesina.” – Oriana Fallaci

David de Miguel Angel 7

Un peligro para mí más siniestro que el ántrax y la peste bubónica y la lepra y el gas nervino, y que amenaza a Europa más que a Estados Unidos. Se refiere a los monumentos antiguos, a las obras de arte, a los tesoros de nuestra Historia y de nuestra cultura occidental.

Al decir, when-not-if, cuándo-no-si, los norteamericanos piensan en sus propios tesoros: obvio. (…) Y los comprendo. Por lo demás, yo también pienso en todo eso. (…) Pero soy italiana y pienso más en la Capilla Sixtina y en la Cúpula de San Pedro y en el Coliseo, en el Puente de los Suspiros y en la Plaza San Marcos y en los palacios del Gran Canal, en la Catedral de Milán y en la Pinacoteca de Brera y en el Códice Atlántico de Leonardo da Vinci. Soy toscana y pienso más aún en la Torre de Pisa y el la Plaza de los Milagros, en la Catedral de Siena y en la Plaza del Campo, en las necrópolis etruscas y en las torres de San Gimignano. Soy florentina y pienso mucho más en la Catedral de Santa María del Fiore, en el Baptisterio, en la Torre de Giotto, en el Palacio de la Señoría, en el Palacio Pitti, en la Galería de los Uffizi, en el Ponte Vecchio que es el único puente antiguo que tenemos en Florencia porque el Puente de Santa Trinita es una reconstrucción: el abuelo de Bin Laden, o sea Hitler lo destruyó en 1944 con los otros.  Pienso también en la Galería de la Academia con el David de Michelangelo. (Un David escandalosamente desnudo, Dios mío, luego especialmente mal visto por los fieles del Corán.) Con el David, los cuatro «Prigioni» y el Descendimiento que Michelangelo esculpió de viejo. Y si los jodidos hijos de Alá me destruyeran uno solo de estos tesoros, uno solo, sería yo quien se convertiría en una asesina. Así que escúchenme bien, secuaces de un dios que predica el ojo-por-ojo-y-diente-por-diente: yo no tengo veinte años pero nací en la guerra, en la guerra crecí, en la guerra he vivido la mayor parte de mi existencia. De guerra entiendo, y tengo más cojones que ustedes: cobardes acostumbrados a morir matando millares de inocentes, niñas de cuatro años incluidas. Óiganme bien porque, aunque he hablado de colisión cultural intelectual religiosa y no militar, ahora les digo: guerra han querido, ¿guerra quieren? Por lo que me concierne, que guerra sea. Hasta el último aliento.

LA RABIA Y EL ORGULLO (Al lector) – Oriana Fallaci

Acerca de roberto dos santos gonçalves, escultor [en Blog]

Arquitecto - Artista Visual (Escultor en Cerámica y Vidrio) www.robertodossantos.net
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