Del Estilo al Manifiesto

A partir del aparente agotamiento del discurso Barroco se sucedieron tendencias que observaban con nostalgia y veneración los valores y expresiones artísticas de períodos anteriores. Aderezadas con una visión idealizada del pasado además de cierto sentimiento nacionalista, el mundo cultural del siglo XIX pretendió reivindicar la historia e imponerla a su presente. No sólo se retomó el vocabulario de la antigüedad grecolatina en el Neoclasicismo, sino que de manera casi inmediata, se hizo presente un conjunto de manifestaciones Neobizantinas, Neorrománicas, Neogóticas, Neoegipcias e incluso Neobarrocas en total coexistencia. Aunque esta fase de la historia del arte se conoce como el eclecticismo historicista, también incluyó tendencias que exaltaban el gusto por lo exótico.

Por esos tiempos, los artistas se convirtieron en unos virtuosos del estilo. El éxito y la reputación dependían en gran medida de la capacidad del ejecutante para articular, coherentemente, el código correspondiente a cada época o para combinar diferentes estilos de manera armónica. Esto derivó en la inexistencia de un compromiso con una expresión determinada, puro manejo formal carente de contenido.

Pero el avance de la Revolución Industrial sepultó el eclecticismo historicista. La reinterpretación formalista del pasado no podía responder a las nuevas condiciones a las que se enfrentaba la humanidad. Ocurrieron drásticos cambios, sin precedentes, y por lo tanto, sin referentes históricos. Las innovaciones técnicas y las transformaciones sociales, económicas y políticas opacaron la visión de la antigüedad como edad dorada. Gradualmente aparecería una nueva nostalgia: Una nostalgia por el futuro llamada modernidad.

La riqueza de planteamientos y cuestionamientos en torno al mundo cultural se precipitó de manera vertiginosa. Durante el siglo XX hemos sido testigos de la formación de diversas vanguardias artísticas y literarias: Expresionismo, Racionalismo, Abstraccionismo, Constructivismo, Neoplasticismo, Dadaísmo, Futurismo, Cubismo, Surrealismo, Suprematismo, Cinetismo, Minimalismo, etc.

Entre estas visiones de anticipación se presentaron discrepancias. No obstante, hubo cierto grado de yuxtaposición y confluencia. Usualmente, cada vanguardia se haría acompañar de un manifiesto, explícito o implícito. En algunos casos se publicaba una declaración de principios que anunciaba formalmente las propuestas del movimiento; en otros casos, críticos y teóricos se encargaron de esclarecer, conformar e incluso interpretar los patrones que permitieran la discriminación entre las variadas corrientes.

La extinción del artista de estilos, circunscrito al ámbito exclusivo de las Bellas Artes, abrió paso a la aparición del vanguardista, militante en concepciones utópicas, cuyo ámbito sería la vida. Los nuevos artistas por un lado perseguían un arte puro, fundado en sus propios medios y libre de determinismos heterónomos, y por otro lado, un arte socialmente comprometido. Dualidad contradictoria que corroería las riostras entre arte e ideología.

Roberto dos Santos Gonçalves

[Publicado por primera vez el 04/04/2002 en www.robertodossantos.net]

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Acerca de roberto dos santos gonçalves, escultor [en Blog]

Arquitecto - Artista Visual (Escultor en Cerámica y Vidrio) www.robertodossantos.net
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