Art Nouveau, La Transición
A medida que avanzaba la revolución industrial, el eclecticismo historicista sucumbía por su incapacidad para responder a las nuevas realidades filosóficas, políticas, económicas, sociales y tecnológicas. Progresivamente caducaban los códigos referenciales frente a la nueva estética que exigía la mecanización. El pasado dejó de ser idealizado y el hombre de las sociedades industrializadas enfocó su entusiasmo en un prometedor futuro.
No obstante, se presentaron reacciones esteticistas a la industrialización. Entre ellas, el movimiento inglés Arts & Crafts, bien representado en un socialista como William Morris. Este movimiento, además de rechazar la manufactura industrial de bienes, pretendía retornar al trabajo artesanal en una era de producción mecanizada.
Si los eclecticistas sacralizaron el pasado, los activistas del Arts & Crafts veneraron lo autóctono, tanto en lo que respecta a los materiales como a las técnicas, pregonando los valores de la simplicidad, honestidad y necesidad. En la práctica, los artículos creados bajo esta óptica resultaron más escasos, más caros y, por lo tanto, más elistescos. Un contrasentido que pronto ahogaría a este movimiento.
En estas circunstancias, de ruptura con el pasado y con lo vernáculo, surge el Art Nouveau.
Aceptando la tecnología moderna, adaptándola a los nuevos gustos y utilizando lo orgánico como arma de expresión plástica; este movimiento creó un vocabulario totalmente liberado de formalismos pasados. El énfasis en los elementos naturales, no fue un hecho caprichoso ni fortuito. No se trataba de una actitud contemplativa, muy por el contrario, la sensación predominante en esos tiempos era que, finalmente, el ser humano había logrado someter, dominar o controlar las fuerzas naturales gracias a la máquina.
La emblemática línea curva con la que le asociamos, más allá de hacer referencia a la sensualidad vegetal, pudiera tener una segunda lectura: el látigo con el que se doma a la naturaleza.
Los códigos recién estrenados se emplearon en todas las disciplinas artísticas. El Art Nouveau unificó artes mayores, artes menores, artes aplicadas, arquitectura, vestido, gráfica, etc., y fue precursor diseño industrial; alcanzando el ideal integrador planteado desde la antigüedad: los principios estéticos son universales, por lo tanto, aplicables a cualquier manifestación artística.
Por otra parte, a pesar de su origen disperso y de la variedad de intérpretes, el Art Noveau fue un estilo de marcado carácter supranacional, completamente sincronizado con el capitalismo internacional. La superación de sentimientos nacionalistas, el acortamiento de las distancias debido sistemas de transporte y comunicaciones modernos, y la dinámica relación entre producción y consumo a gran escala generaron un optimismo progresista. Cada vez más bienes estaban al alcance de más personas. Así, Art Noveau respondía tanto a las demandas de burguesía como a las del proletariado.
Con la primera guerra mundial, el optimismo, quizá demasiado pronto, se esfumó. Y con él, los vapores del Art Noveau.
Roberto dos Santos Gonçalves
[Publicado por primera vez el 01/11/2002 en www.robertodossantos.net]
Un enfoque alternativo sobre Las Artes del Fuego
“La arquitectura es la madre de todas artes”
Mario Vitruvio Polión. DE ARCHITECTURA (Libro en 10 volúmenes comúnmente conocido como: Los Diez Libros de la Arquitetura de Vitruvio)
Siglos después, la sentencia del tratadista y arquitecto romano del siglo I a.c. pareciera tener vigencia. De hecho, en cierta forma ha signado e influido sobre infinidad de textos y teorías sobre materias afines. Sin embargo, esta afirmación debe entenderse en su contexto. Obedece más a los criterios platónicos del mundo grecolatino que a un análisis riguroso sobre una realidad histórica y científicamente comprobable a la luz de las herramientas que nos ha ofrecido la contemporaneidad.
Los pensadores de la antigüedad que hoy en día llamamos clásicos se enfrentaron a una ardua misión: establecer las bases para el análisis y la comprensión del mundo en su sentido más amplio y universal. La lógica fue el instrumento con el que dieron estructura al conocimiento. Los conceptos: teoría, análisis, síntesis, idea, clasificación, tesis, hipótesis, teorema, deducción, arte, ciencia, etc., son un legado de aquellos hombres.
Aún debemos demasiado a esos pioneros del saber, lo que no implica aceptar, sin cuestionamientos, verdades aparentes. Y es que son muchos los impregnados de romanticismo que observan ese período histórico como una suerte de Edad Dorada. Un estereotipo que tiene su contraparte en la consideración de la Edad Media como etapa obscurantista de la evolución cultural humana.
A pesar de reconocer que las diferentes disciplinas artísticas están estrechamente vinculadas, y han sido muchos los artistas que se desenvuelven de manera cómoda en diversos ámbitos, establecer relaciones de parentesco entre ellas resulta apenas un sofisma. Aunque es evidente que no hay artes madres, hijas o nietas; siguen prevaleciendo prejuicios respecto a las Artes del Fuego. Todavía hay quienes las consideran Artes Menores, quizá influidos por los aspectos objetables del legado clásico.
Hasta este momento, todo parece indicar que el ser humano empleó el fuego antes de ser Homo sapiens sapiens. Los científicos han establecido que tanto la especie Homo erectus como la especie Homo sapiens neanderthalensis, ambas extintas, conocieron y utilizaron el fuego. Gracias al grado de dominio de ese proceso químico podemos leer parte de la historia no escrita. Los términos Edad del Cobre, del Bronce, del Hierro, etc., así lo certifican.
El gran salto en la talla de piedra y el labrado de madera se dio gracias a las herramientas metálicas, de lo que dependió en gran medida la escultura y la arquitectura antigua. Por otra parte, la superficie de las vasijas de barro se decoraron con símbolos y pictogramas, con lo que se convirtieron en libros primigenios en los que se ensayó la escritura antes del uso del papel. Además, no sólo es relevante el rol de la vasija como superficie, sino también como volumen y más aún como contenedor, ya que todo envase implica la generación de un vacío. Esta noción de espacio como tema de trabajo tuvo entre sus primeros exponentes a los ceramistas. Más adelante, la estandarización del vacío daría origen a los sistemas de medidas basados en la capacidad que facilitarían el comercio.
Si a lo económico nos referimos, pudiéramos notar que las Artes del Fuego también estaban presentes cuando pasamos del trueque al dinero. A los orfebres debemos las monedas y los lingotes.
Bajo esta óptica y en términos generales, la fundición y soldadura de metales y la fabricación de cerámica y de vidrio anteceden a otras manifestaciones artísticas. Dicho sea de paso, los hallazgos provenientes de esos tiempos son indudablemente artísticos, para los primeros hombres no existía frontera entre lo útil y lo bello.
Pero el relevante papel ejercido por las Artes del Fuego no está únicamente relacionado con un pasado remoto. En cierta forma, fueron precursoras de la revolución industrial, pues los artesanos siempre han dominado los medios de producción en serie.
La medición precisa del tiempo por los orfebres que tomaron el camino de la relojería potenció el desarrollo de las ciencias. Los relojes son los primeros mecanismos de la automatización, antecedente de la programación de secuencias para un proceso.
Hacia el siglo XIX, debido a la industrialización, la mayoría de la población pudo adquirir las camas de hierro forjado, las vajillas de cerámica, los vasos y ventanas de vidrio. Todos estos bienes de uso común permitieron condiciones de asepsia que salvaron más vidas que la praxis médica de aquel entonces.
Tampoco podemos imaginar el mundo actual sin la influencia de las Artes del Fuego. Fue recientemente, ya entrado el siglo XX, cuando los artistas que ejercen en estas especialidades se independizaron de las consideraciones meramente funcionales y utilitarias, avanzando en el terreno de la especulación y conceptualización del Arte. La mayoría han sorteado con mucho éxito las vanguardias artísticas que han caracterizado estos tiempos.
Pero el rol de las artes del fuego en la contemporaneidad merece un ensayo aparte, por muy breve que sea.
Roberto dos Santos Gonçalves
[Publicado por primera vez el 01/11/2001 en www.robertodossantos.net]
Del Estilo al Manifiesto
A partir del aparente agotamiento del discurso Barroco se sucedieron tendencias que observaban con nostalgia y veneración los valores y expresiones artísticas de períodos anteriores. Aderezadas con una visión idealizada del pasado además de cierto sentimiento nacionalista, el mundo cultural del siglo XIX pretendió reivindicar la historia e imponerla a su presente. No sólo se retomó el vocabulario de la antigüedad grecolatina en el Neoclasicismo, sino que de manera casi inmediata, se hizo presente un conjunto de manifestaciones Neobizantinas, Neorrománicas, Neogóticas, Neoegipcias e incluso Neobarrocas en total coexistencia. Aunque esta fase de la historia del arte se conoce como el eclecticismo historicista, también incluyó tendencias que exaltaban el gusto por lo exótico.
Por esos tiempos, los artistas se convirtieron en unos virtuosos del estilo. El éxito y la reputación dependían en gran medida de la capacidad del ejecutante para articular, coherentemente, el código correspondiente a cada época o para combinar diferentes estilos de manera armónica. Esto derivó en la inexistencia de un compromiso con una expresión determinada, puro manejo formal carente de contenido.
Pero el avance de la Revolución Industrial sepultó el eclecticismo historicista. La reinterpretación formalista del pasado no podía responder a las nuevas condiciones a las que se enfrentaba la humanidad. Ocurrieron drásticos cambios, sin precedentes, y por lo tanto, sin referentes históricos. Las innovaciones técnicas y las transformaciones sociales, económicas y políticas opacaron la visión de la antigüedad como edad dorada. Gradualmente aparecería una nueva nostalgia: Una nostalgia por el futuro llamada modernidad.
La riqueza de planteamientos y cuestionamientos en torno al mundo cultural se precipitó de manera vertiginosa. Durante el siglo XX hemos sido testigos de la formación de diversas vanguardias artísticas y literarias: Expresionismo, Racionalismo, Abstraccionismo, Constructivismo, Neoplasticismo, Dadaísmo, Futurismo, Cubismo, Surrealismo, Suprematismo, Cinetismo, Minimalismo, etc.
Entre estas visiones de anticipación se presentaron discrepancias. No obstante, hubo cierto grado de yuxtaposición y confluencia. Usualmente, cada vanguardia se haría acompañar de un manifiesto, explícito o implícito. En algunos casos se publicaba una declaración de principios que anunciaba formalmente las propuestas del movimiento; en otros casos, críticos y teóricos se encargaron de esclarecer, conformar e incluso interpretar los patrones que permitieran la discriminación entre las variadas corrientes.
La extinción del artista de estilos, circunscrito al ámbito exclusivo de las Bellas Artes, abrió paso a la aparición del vanguardista, militante en concepciones utópicas, cuyo ámbito sería la vida. Los nuevos artistas por un lado perseguían un arte puro, fundado en sus propios medios y libre de determinismos heterónomos, y por otro lado, un arte socialmente comprometido. Dualidad contradictoria que corroería las riostras entre arte e ideología.
Roberto dos Santos Gonçalves
[Publicado por primera vez el 04/04/2002 en www.robertodossantos.net]
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